Music
Crisálida
(2003)
| :: | :: |
Crisálida was premiered in 2003 by the Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato; José Luis Castillo, conductor.
Crisálida was initially inspired by a passage of Zen master Hakuin Ekaku:
When a son of the Shakya clan (known later as the "golden sage") went into the fastness of the Snowy Mountains long ago to begin his first retreat, he cradled secretly in his arms an ancient, stringless lute. He strummed it with blind devotion for over six years until, one morning, he saw a beam of light shining down from a bad star, and was startled out of his senses. The lute, strings and all, shattered into a million pieces. Presently, strange sounds began to issue from the surrounding heavens. Marvelous tones rose from the bowels of the earth. From that moment he found that whenever he so much as moved a finger, sounds came forth that wrought successions of wondrous events, enlightening living beings of every kind.Hakuin Ekaku
This short passage triggered in me the fantasy that generated the totality of the piece. The following is the first textual transcription of this fantasy.
Me encuentro solo en un bosque. Es de noche, el clima está templado y el cielo está muy despejado. Observo una gran cantidad de estrellas que parecieran estar muy cerca. Todo se encuentra en completo silencio con excepción de algunos insectos que escucho a la lejanía. Los insectos parecen ser grillos. Algunos quedan sonando por intervalos de tiempo relativamente largos mientras otros suenan y dejan de sonar con pulsaciones más o menos regulares. Mientras miro recostado las estrellas percibo que en la atmósfera hay algo ligeramente blancuzco, casi transparente, parecido a una tela de araña pero más delgada aún. Me estiro para tocarla y me sorprendo al ver que produce un sonido muy particular. Se trata de un sonido como entre arpa y campana en el ataque pero tiene una resonancia sumamente larga... permanece y se prolonga como si no fuera a terminar nunca. Conforme esta resonancia permanece, su textura evoluciona lentamente. Poco a poco comienza a tornarse menos brillante, más como un silbido. Pareciera que cobra vida y el volumen comienza a pulsar; al mismo tiempo pareciera que el sonido comienza a hacerse visible. Al momento de tratar de retirar mi dedo de la "telaraña" ésta se adhiere a mi piel pues tienen una consistencia ligeramente viscosa. Cuando mi dedo se logra despegar por fin debido a la resistencia de la "telaraña", ésta rebota en un va y ven produciendo nuevamente un sonido, solo que este sonido pulsa conforme la tela se mueve oscilante. También se escucha un brillo especial que no se oye cuando toco la tela; es como "rocío sonoro" que se desprende de ella. Después de un rato de escuchar la resonancia de cada sonido comienzo a ver una especie de neblina muy localizada en un área como de 15cm de diámetro que poco a poco comienza a condensarse y a concentrarse en un área cada vez más pequeña. Ésta a su vez se convierte gradualmente en una pequeña luz muy tenue que poco a poco se vuelve más brillante. Las lucecillas comienzan a moverse muy lentamente y a alejarse de mí. Su movimiento es muy suave y ligero, en formas como de eses, más o menos regulares, similar a la forma como se mueven las serpientes. Poco a poco su movimiento se vuelve cada vez más libre, con súbitas aceleraciones y desaceleraciones. El movimiento de estas luces deja estelas gaseosas muy compactas y bien definidas que no se mueven y quedan suspendidas en el aire. Conforme transcurre el tiempo, estas estelas se solidifican gradualmente y se convierten en una especie de polvo grisáceo muy fino y compacto, como si fuera ceniza volcánica sumamente fina. Pero el viento y el tiempo las erosionan y el polvo comienza a caer lentamente por acción de la gravedad hasta que no queda nada. Decido observar el polvo desde dentro para ver cómo es, como si acercara un lente microscopio para hacer un escrutinio de éste. De pronto me encuentro dentro de él; observo que los minúsculos granos de ceniza que observaba desde lejos son como fragmentos filosos y aplanados de piedra obsidiana que vuelan por todos lados a una enorme velocidad y brillan reflejando rayos luminosos que parecieran venir desde fuera. Se escucha un ruido ensordecedor como de viento, como de grito, como de dolor. Y cuando las piedras me golpean siento profundos piquetes, decenas de piquetes por segundo. También chocan entre sí y contra el suelo produciendo un ruido como de lluvia sólida. Cada golpe parece como acero contra acero o vidrio contra duro; son muy agudos los choques de las piedras. Además del dolor físico siento una gran angustia y decido que es suficiente y que es mejor salir. Así lo hago y me encuentro de vuelta en el bosque observando y escuchando nuevamente las lucecillas voladoras. Permanezco un rato más observando la evolución de estas luces. Es muy placentero. Toco de nuevo la tela para producir nuevas lucecillas musicales. Después de un momento siento la necesidad de volver a introducirme en el polvo y sentir el dolor de las navajas, como si tuviera la necesidad de resistir lo que había experimentado. Entro y salgo varias veces como cuando mete uno un pie en el agua fría varias veces, cada vez más profundo con la esperanza de que eventualmente uno resistirá sumergirse completamente. De nuevo desde fuera observo las luces moverse en el espacio. Se mueven libremente cada una de manera independiente, pero a ratos se agrupan y organizan dibujando círculos concéntricos. Cada luz tiene una velocidad independiente, algunas generalmente más rápidas que otras. Sin embargo hay cambios de velocidad en cada luz; aceleraciones y desaceleraciones más o menos sorpresivas. Son como órbitas que existen por un momento y después cada luz comienza a salir de ese patrón para volver de nuevo a sus movimientos autónomos y caprichosos. Las figuras que quedan en las estelas de las trayectorias de las luces forman esculturas suspendidas con formas muy irregulares pero suaves y curvas, las cuales al volverse polvo se erosionan y desaparecen. Las luces comienzan a moverse a mi alrededor, cada vez con figuras circulares más perfectas y acostadas. Pareciera que se percataran de mi presencia y decidieran investigarme. Las órbitas a mi alrededor se vuelven más rápidas y de diámetro menor hasta que las luces giran a unos 9 cm. de distancia. Las vueltas son tan rápidas y numerosas que las estelas comienzan a formar un cilindro que me envuelve y al solidificarse se vuelve una especie de contenedor de barro seco y frágil que me contiene... como un capullo. Repentinamente las luces se van una tras otra hasta que no queda nada más que el cilindro formado por las estelas de las luces conmigo al interior. Ya no las oigo. Toco la pared terrosa del cilindro, pero es tan frágil y delgada que se perfora. Por temor a destruirla decido no tocarla más. Pero de pronto pareciera que mi cuerpo adquiriera gravedad. Las pequeñas partículas de polvo que forman la pared comienzan a desprenderse y a volar hacia mi cuerpo, como si yo fuera un imán atrayendo polvo metálico. Cada vez vuelan más pedazos y cada vez es más fuerte la fuerza atrayente, hasta que de golpe las paredes se colapsan hacia mí, a manera de una implosión. De pronto me siento angustiado. El polvo me sofoca y aprieta y siento que me voy a ahogar. No puedo respirar y lucho contra el polvo el cual pareciera que se volvió elástico como una bolsa que se contrae y adhiere con fuerza a mi piel. Justo cuando siento que no resistiré más la fuerza comienza a aminorar y el polvo, ahora elástico, comienza a transformarse en algo más bien viscoso, casi líquido. Comienzo a sentirme más tranquilo y relajado. Empiezo a sentir más fría esta cosa nueva que está sobre mí, y a notar que mi cuerpo pareciera empezar a asimilar el polvo viscoso, como si se nutriera de él por medio de mi piel, por medio de mis poros. Poco a poco el material desaparece y siento que pequeños objetos recorren mi sistema circulatorio, como pequeños balines que viajan muy rápidamente dentro de una superautopista. Siento cómo la inercia los lanza y los empuja en mi interior en diversas direcciones, pues son varias partículas que se mueven libremente. La sensación es como de un hormigueo sutil, a veces agradable, a veces un poco incómodo.Víctor Adán
víctor adán